El encanto del turismo rural en Teruel

Porque viajar es mucho más que conocer lugares nuevos

Mucho se habla acerca de cómo tiene que ser el turismo rural: tiene que ser un turismo de calidad, que cumpla todos los estándares, que ofrezca servicios, … sin embargo, de lo que más me acuerdo después de un viaje no es de nada de eso…

 

Sobre el cómo debería ser el turismo rural creo que en Teruel tenemos un buen ejemplo. Nuestra provincia tiene la población envejecida, un problema muy acusado de despoblación y falta de servicios, problemas en las comunicaciones, … y un sinfín de problemas. Sin embargo, cuando el visitante atreviesa una de esas carreteras llena de curvas para llegar a nuestros pueblos, siempre descubre algo especial, algo que realmente hace que el viaje valga la pena.

 

HogueraTenemos impresionantes paisajes, un entorno natural único y privilegiado, lugares llenos de leyendas, tradiciones que pasan de padres a hijos, lugares con encanto y muchas, muchas cosas que ver.

 

Pero cuando hablo del encanto de hacer turismo rural en Teruel no me estoy refiriendo a todo eso, sino a algo mucho más auténtico, algo que viene de la bondad de la gente que habita estas tierras. Son gente sencilla, amable, con ganas de compartir mucho, los que hacen que nuestros viajes sean inolvidables.

 

Me estoy refiriendo por ejemplo a aquella vez que llegamos a un precioso pueblo con las bicis y el primer hombre al que le preguntamos por la fuente nos llevó hasta su casa a llenar los botellines; O a ese simpático dueño de un hotelito precioso que cada vez que vamos se empeña en que nos llevemos la guía de la zona que nos quiere prestar. Lo mismo nos pasó cuando hicimos una parada en un bar de pueblo y pedimos un Colacao: en vez de decirnos que no le quedaba, la amable mujer subió a su casa sin decirnos nada a por el bote que allí tenía para darnos aquello que más nos apetecía. O a esos amables viejecitos que están a la entrada de cualquiera de nuestros pueblos y siempre nos explican todos los caminos que debemos escoger y los que no. O a esa vez que entramos al bar a tomar algo y nos dibujaron el track completo que teníamos que hacer y nos lo descargaron en el gps… Podría llenar el blog entero contando este tipo de historias…

 

Curiosamente, estas cosas nunca nos han ocurrido en grandes ciudades y mucho menos en zonas de playa. Allí parece que el viajero es sólo una fuente de ingresos más. No eres un amigo, eres un cliente y punto. El trato en la mayoría de los casos es correcto, pero nunca consiguen que te sientas realmente a gusto, siempre es un trato muy artificial.

 

Esto es lo que realmente da valor a un viaje. Viajar consiste en algo más que en ver sitios nuevos: consiste en conocer a sus gentes, en hacer nuevos amigos, en compartir con los demás nuestras experiencias, … en encontrar nuestro lugar….

 

Para terminar sólo me queda dedicar este post a todos aquellos que aun seguís prefiriendo llamarme “amiga” o “moza” a llamarme “usted”. A todos aquellos que encendéis la chimenea para que estemos más a gusto. A los que nos preparáis cosas que no están en el menú cuando no nos gusta algo. A los que nos indicáis el mejor camino para llegar a los sitios, … en fin… ¡a todos los que hacéis que nos sintamos como en casa! Muchas gracias 🙂


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